NO OBSTANTE ESTA LENTITUD DE LOS PRINCIPIOS, las personas sordociegas siguieron contactando unos con otros por esta vía, con paciencia y con tesón y empezaron a fundar sus propias organizaciones; la primera de ellas fue creada por cinco personas sordociegas en Londres (Inglaterra), en 1928.
En nuestro país, cuando empezaron a crearse en la ONCE los primeros programas de atención a personas sordociegas, en 1987, ya existía un embrión: un pequeño grupo de personas sordociegas adultas, antiguos compañeros del colegio de Chamartín de la ONCE, que se reunía periódicamente en un lugar fijado siempre el mismo día de la semana y a la misma hora, así no había necesidad de tener que llamarse unos a otros. Además, mantenían correspondencia con personas sordociegas de otras provincias, y a veces se invitaban a pasar las vacaciones en sus casas.
Pero hacían falta recursos para crear una Asociación de esta índole, y dos fueron los puntos decisivos que permitieron la posterior creación de la Asociación española:
La formación de los primeros guías-intérpretes y con este primer recurso, que se fue extendiendo poco a poco a varias comunidades, se pudieron llevar a cabo las primeras actividades, entre las que destacan el I Encuentro Nacional de Personas Sordociegas (1987), sin intérpretes aún, y la I Convivencia Nacional, esta vez ya con la colaboración de los guías-intérpretes (1988).
Poco a poco, primero a la defensiva, e incluso varios de ellos acompañados por sus madres, y después, con creciente interés, los participantes empezaron a descubrir que no eran casos únicos, que había personas que vivían con sus mismos problemas, y, a la larga, descubrieron su propia identidad: al fin se sintieron identificados dentro de un colectivo social. |